Las murallas representaron para el pueblo de Israel: Identidad, fortaleza, refugio, seguridad, control de salida y entrada para sus habitantes y para los extranjeros. Veamos como perdió  el linaje de Dios su ciudad, su templo  y sus muros.“En el mes quinto a los siete días del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén  Nabuzaradán, capitán de la guardía, siervo del rey de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y todos las casas de los príncipes quemó a fuego. Y todo el ejército de los caldeos que estaban con el capitán de la guardia, derribó los muros alrededor de Jerusalén. Y a los del pueblo que habían quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia, y a los que habían quedado de la gente común, los llevó cautivos Nabuzaradán, capitán de la guardia. Mas de los pobres de la tierra dejó Nabuzaradán, capitán de la guardia, para que labrasen las viñas y la tierra.” 2 Reyes 8-12.  Sin duda que  habían israelitas que miraban las ruinas, los escombros como símbolo de derrota, castigo y sumisión. El pueblo de Dios estaba pagando su rebeldía e idolatría, unos eran llevados prisioneros a Babilonia, otros fueron muertos en la batalla y otros dejados en Jerusalén para labrar las viñas y la tierra, meramente esclavos del nuevo Imperio Babilónico. Los escarnecedores y adversarios de Israel mostraban su alegría después de  ver a un pueblo guerrero y  conquistador a una nación desplomado e invadido. Los pueblos que le pagaron en un tiempo tributo a Israel no podían creer que ahora estaba devastado y en desolación. Por sus calles y hogares de los israelitas se escuchaban llantos y lamentos. Era obvio que los enemigos del pueblo del Señor fueran extranjeros, pero lamentablemente desde adentro habían cómplices que avalaban la burla y el escarnio. Así nos lo ilustra el siguiente texto:“Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el inciensom los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros y la ofrenda de los sacerdotes.” Nehemías 13:4-5. El objetivo principal del ángel caído es ver a un pueblo de Dios en afrenta y decadencia espiritual.El remanente que quedó, con tristeza recordaba como de ser una nación próspera, respetada y temida por sus enemigos tuvo aquel desplome y fracaso. Sabían que Dios los había castigado por pasar por alto sus mandamientos y preceptos. Venían a sus mentes los recuerdos de como Dios los había respaldado y defendido una o otra vez en contra de sus enemigos. Todavía aún cuando se terminó de construir el templo y la gloria de Dios descendió en medio de ellos. Como lo ilustran los siguientes versiculos: “Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová. Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno y su misericordia es para siempre.” 2 Cronicas 7:1-3. Estos eran meramente recuerdos pasados y lo que estaban viendo en su alrededor eran ruinas de una obra que costo dedicación, sacrificio y muchos años de trabajo. Muchos vivían escondidos, se sentían perseguidos. Su impotencia, afrenta y humillación crecía día a día. Para comenzar a trabajar se necesitaba mas que tristezas, mas que lamentos y recuerdos, se requería por parte de Dios encontrar perdon y gracia. Por el lado humano se necesitaba voluntad, entrega, disposición, amor, compasión, fe, oración, ayuno, interés, persistencia y perseverancia por la obra de Dios. Cuanta razón tiene el Señor Jesús al expresar:“…La mies a la verdad es mucha mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.” Lucas 10:2. Los observadores, espectadores y analistas sólo contribuirán a engrandecer el problema de la indiferencia y el rezago de años sin laborar en la Vina del Señor.Veamos que actitud asumió Nehemías frente a esta situación:“Que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y  ayune y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y  guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abierto tus ojos para oir la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, este ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.” Nehemías 1:2-11.  Nehemías al escuchar la situación que estaban pasando sus hermanos se apropió de su necesidad y la hizo suya, en su oración pide a Dios perdon  por el pueblo y se inmiscuye como uno de los causantes de tal disperción y castigo. El amor que sentía por Jerusalén era sincero y mostró los frutos de sus primeras obras en señal de tener duelo y dolor por su nación. Así se puede ver en las siguiente porciones de las Santas Escrituras: “Me dijo el rey: ¿ Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿ Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuánto volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señale tiempo.” Nehemías 2:2-6.La priviligiada posición de Nehemías en el imperio de babilonico no impidió, ni fue pretexto para quedarse sentado en la comodidad de lujos y riquezas que le proporcionaba su trabajo, sino al contrario tomó la decisión de poner sus manos en el arado y comenzar a animar y motivar a los hijos de Israel. Como  lo muestran los siguientes textos:“Les dije, pues: vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asi mismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo:¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros  no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.” Nehemías 2:17-20.Cuando el siervo de Dios emprende un proyecto para la viña del Señor, los espíritus opositores y escarnecedores harán lo posible para que no se lleve a cabo. Sus armas mas comunes son: la burla, la crítica, la mentira y la conspiración. Así lo expresan los siguientes fragmentos sagrados:“Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. Y habló delante de sus hermanos y del ejercito de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿se le permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? Y estaba junto a él Tobías amonita el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará.” Nehemías 41-3.El deseo de  los espíritus malignos para con el  pueblo de Dios es que   nuestras manos estén atadas, inmóviles, que en nuestro léxico cotidiano sea normal y común “no tengo tiempo para ir a la iglesia”, “no puedo predicar”, “no puedo orar por un enfermo”, “me da no se que cosa predicar”, mientras mas tiempo estemos sentados en las bancas de la iglesia mejor le resulta la estrategia del enemigo. Por eso se enojan y se enfurecen cuando empezamos a trabajar en la obra de Dios y envían sus mensajeros para decirnos que una zorra puede derribar el trabajo que estamos haciendo. Su ceguera no les permite visualizar la realidad, están atrapados en su necedad y mentira. Las alucinaciones que tienen son sus justificaciones para no entender la realidad que el pueblo de Dios al lado del Señor Jesús es victorioso.Cuando ven y escuchan que la congregación de Dios comienza a reparar los muros (orar, velar, ayunar, estudio bíblico), no pueden estar en tranquilos y su cólera brota en sus narices. Veamos sus actitud en las siguientes porciones:“Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño.” Nehemías 4:7-8.Cuando los espíritus malignos levanten tempestades en contra de los hijos de Dios, pretendiendo intimidar con sus artimañas, trampas y maquinaciones, el siervo de Dios tomará sus armas y actuará en consecuencia, tal es el ejemplo siguiente: “Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.” Nehemías 4:9. En la batalla espiritual no hay descanso y todos debemos de participar en el combaten día y noche, no es tiempo de retroceder, levantémonos de nuestros lugares y peleamos por nuestro hogar, por nuestros parientes, por nuestros amigos y por la humanidad entera. Los espíritus demoníacos y los siervos de Satanás  no están jugando y su objetivo es: destruir, matar y robar. Por eso Nehemías convocó al pueblo en general a ponerse en la línea de combate. Así lo expresan los siguientes textos sagrados:“Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos, acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea. Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con un mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.” Nehemías 4:14-17.Es importante notar que la invitación es para todo el pueblo de Dios comenzando con los líderes y terminando con los miembros de la iglesia. Por eso que en nuestros hechos y acciones sean mensajes claros para nuestros enemigos y orar para que sus consejos sea desbaratado. Cuando estemos con una mano trabajando en la obra y con la otra tener la espada de doble filo. Recordemos que todas nuestros triunfos se deben a que nuestro Dios a estado siempre de nuestro lado cuando le somos fieles y sinceros. Cuando nos unimos hombro con hombro, de una sola mente y corazón y dispuestos a contribuir con la parte que nos corresponde de acuerdo a nuestra capacidad y responsabilidad al lado de Jesucristo nuestro Comandante Supremo, los gigantes caerán y las tinieblas huirán. Porque no hay poder ni autoridad, ni principado que resista la presencia del Victorioso de Israel.

Nehemías, el siervo de Dios nos a enseñado que la posición secular y la distancia no impiden servir a Dios, por eso hermano estés en donde estés tu puedes contribuir a que restauren vidas con tu forma de vivir y de llevar la palabra de Dios a los necesitados, pero para eso necesitamos estar unidos, reflejando siempre que somos el cuerpo del Señor Jesucristo. Las murallas espirituales serán fortificadas en la medida que se doblen nuestras rodillas, las armas que tanto le teme el enemigo son: la oración, una vida en santidad y en obediencia a Jesús. Cuando Jehová vela y pelea por nosotros el malo no podrá penetrar en la muralla que se a levantado. Por eso estamos en constante guerra espiritual, no se puede bajar de la centinela para ir a dormir, si el enemigo no pudo derribar la muralla lo hará mañana, estará rondando la ciudad y lo hará cuando estemos dormidos (indiferentes y conformistas en nuestra manera de vivir a los cosas de Dios) Se disfrazara para entrar por eso es necesario pedir al Altísimo discernimiento para poder identificarlo ya que una vez dentro le será mas fácil atacarnos. Eso si no tendrá compasión en sus ataques. Pero si confiamos en Jesús y dejamos que el actué, el Espíritu de Jehová levantara bandera y hará que el caiga y sea avergonzado en su propia artimaña.

autor. Priciliano Camarillo Martinez

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